El espejo es el reloj más angustioso, precisamente porque no se detiene.
- macarenacr3
- 16 jun 2020
- 2 Min. de lectura
Se nos presenta un espejo donde no nos queremos mirar. Uno que nos trae ese mensaje que no queremos recibir. La noticia de que se avecinan tiempos de encierro, fatalidad, pérdidas y hasta un eventual desenlace mortífero.
Me resisto a pensar la crisis como una oportunidad. Por momentos me animo a NO pensar: me encuentro en las redes posteando ejercicios físicos, desafíos, recetas, en el intento de contar una historia “linda”. ¿Qué hago con las emociones, las congelo?
Me gustaría estar ajena a las repercusiones emocionales que invaden, avasallan, se llevan lo que construyo, como el agua derrumba los castillos de arena.
Si en la época de Freud se trataba de personas que vivieron la guerra y su repercusión a nivel psíquico, ¿cómo pensamos el psiquismo hoy? Me pregunto ¿qué hacemos con este nuevo panorama de pandemia? ¿Cómo hacemos el switch de dejar atrás la sensación estresante de que el tiempo no alcanza, por un tiempo de incertidumbre que se nos impone? ¿Qué prioridad tengo ahora? ¿Cómo me vuelvo productivo en cuarentena? ¿Qué hacer?
Pienso en los que sostienen su familia económicamente, en los que cuidan a los niños, a los enfermos, pienso en todos nosotros que hoy nos tenemos que enfrentar con el espejo que refleja nuestras verdades. Escucho que la cuarentena “saca lo peor de nosotros”.
Estamos atravesando un escenario que nos confronta con la incertidumbre, los miedos, la angustia, las actividades suspendidas, la impotencia de sentir que no podemos hacer nada, la tristeza por los fallecimientos, el temor por los nuestros y por la economía que se desmorona día a día.
En un principio sugerían “haga vida normal en su casa”. ¿Qué vida puedo hacer en mi casa? Es un mensaje que se recibe como “manténgase con vida en su casa”. Se despliega, entonces, la lógica de la supervivencia, del sálvese-quien-pueda y nos convocan con un deber social que nos quiere de pie para hacerle frente a lo imposible, a lo real, a lo invisible. Oscilamos entre los extremos de nuestra burbuja personal y el encontrarnos reflejados en la sociedad. Nos identificamos con los que aplauden, los que no cumplen la cuarentena, los que se quedan en casa, los que siguen trabajando. Hoy, somos todos esos, porque lo individual comienza a desvanecerse. No dejemos que nuestras subjetividades se pierdan.
“Mírate al espejo” se dice vulgarmente para acusar al otro de que también puede estar equivocándose. Entonces me digo a mi misma que quizás me estoy equivocando….
Me pregunto ahora, si en vez de “mirarnos al espejo” podemos reconocernos en la mirada del otro, de nuestras madres, que ya no pueden garantizarnos que todo va a estar bien como era antes en los tiempos de la infancia.
Tomemos este momento para reconectar con nuestras familias, con la música, pasando tiempo juntos, tiempo de risas, tiempo que nos deje lado a lado, codo a codo, que renazcan nuestras ganas de estar juntos, nuestras miradas cómplices, nuestra idealización del otro.
Nuestro gran aporte es pasar esto juntos y encontrarnos en una sociedad más humanizada, más noble. Hagamos espejo de una sociedad distinta. Saquemos, entonces, la mejor versión de nosotros; nuestro espejo de virtudes !!!.




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